Los que trabajamos con grupos
variados de gente comprobamos una y otra vez que son las personas más desdichadas las que tienden a estar más centradas en sí mismas; las más retraídas, amargas y propensas a la manipulación y el aislamiento cuando no a la prepotencia. Las personas que se declaran felices, en cambio, son habitualmente más sociables, más creativas y permisivas. Toleran mejor las frustraciones cotidianas y, como norma, son más afectivas, demostrativas y compasivas que las otras.
En un experimento llevado a cabo en la Universidad Estatal de Nueva York, se pidió a
los sujetos que completaran la frase:
“Me siento contento de no ser…”
Tras haber repetido cinco veces este ejercicio, más de noventa por ciento de los sujetos
experimentó un claro aumento de su sensación de satisfacción personal. Y al salir del
lugar demostraron tendencias más amables, colaboradoras y solidarias entre sí y con
ocasionales desconocidos a los que ayudaron espontáneamente. Un par de horas
después, los investigadores pidieron al grupo que completara la frase:
"Hubiera deseado ser..."
Esta vez, el experimento dejó a los sujetos más insatisfechos con sus vidas.
Los expertos en optimizar rendimiento han realizado miles de estas pruebas y todas
parecen confirmar que las personas de buen humor, los individuos que se definen felices
y aquellos que se sienten contentos con sus vidas poseen una voluntad de acercamiento
y ayuda mayor con respecto a los demás, un mejor rendimiento y una mayor eficacia en
lo que emprenden.
La felicidad produce beneficios,
muchos de ellos inherentes al individuo,
muchos más que trascienden a su familia
y al conjunto de la sociedad.
No se puede pensar seriamente en estar vivo renunciando a la búsqueda de este camino
hacia la armonía, la plenitud, la felicidad.
Habrá que tomar esta decisión, y sé que no es sencillo hacerlo. Esto es lo que yo hice
porque esto es lo que yo creo; ustedes pueden creer otra cosa.
La postura que tomemos hoy tal vez no sea definitiva, quizá mañana cambie. Hace diez
años yo pensaba absolutamente otra cosa.
Cualquiera sea la postura que ustedes tengan, es válida.
Sólo pregunto por la posición tomada para que se pregunten si están siendo coherentes
con ella.
Si ser feliz es la búsqueda más importante que tengo en la vida, y la felicidad para mí
consiste en estos momentos gloriosos, ¿qué hago yo perdiendo el tiempo, por ejemplo,
leyendo este libro?
Si yo decido que la felicidad es el mayor de mis desafíos, y decido que esta búsqueda
tiene que ver con sensaciones nuevas, en realidad tendría que estar buscándolas, ¿qué
hago entonces perdiendo el tiempo y ocupándome de otras cosas que me distraen de esta
búsqueda?
Si ser feliz es evitar todo dolor evitable, ¿para qué sigo leyendo y escuchando a Bucay
que me dice muchas veces cosas dolorosas o desagradables?
Porque lo que importa es comprometerse.
Porque ser feliz es el mayor de los compromisos que un hombre puede sentir, consigo y
con su entorno.
[...]
La felicidad es, para mí, la satisfacción de saberse
en el camino correcto. La felicidad es la tranquilidad interna de quien sabe
hacia dónde dirige su vida, la felicidad es la certeza de no estar perdido.
Extracto del libro: "El camino de la felicidad" por Jorge Bucay (En la
Isla Libros y en
pdf para descargar)
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