Su origen es curioso, se remonta a principios del siglo XIX, en la época de Rudolf Virchow, de la teoría microbiana, de Charles Darwin y su teoría de la evolución, y de la enorme aportación genética de Gregor Mendel. Antes de esa fecha, la forma que tenian los medicos de auscultar era con la mano apoyada sobre el pecho justo encima del corazon, para detectar los latidos cardiacos. Cuando se quería oír los sonidos, no había otro remedio que apoyar la oreja sobre el pecho. Esto último resultaba bastante grosero para las pacientes y muy incómodo y vergonzoso para los médicos.
Desgraciadamente ese pudor se continua aún en muchas de las personas que vienen a la consulta, lo que nos impide a muchos osteópatas hacer tratamientos tan efectivos como son el trabajo sobre el periné (el suelo pélvico) y también manipulaciones cardiovasculares trabajando sobre los lóbulos inferiores y medio de los pulmones.
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